Viena celebra el 200.º aniversario de uno de sus hijos más famosos: Johann Strauss II. Strauss se convirtió en el compositor más célebre de su época y ya en vida fue conocido como el Rey del Vals. Fue la gran superestrella musical de su tiempo y una de las principales razones por las que hoy Viena es conocida como la ciudad de la música. El vals, que en sus inicios fue considerado escandaloso y atrevido, se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los bailes más populares del mundo.
David Deegan
10 de febrero de 2025
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El año 2025 marca el 200.º aniversario del nacimiento del compositor austríaco Johann Strauss II, un nombre inseparable del vals vienés. Conocido cariñosamente como el “Rey del Vals”, Strauss dejó una huella imborrable en la música clásica, al transformar el vals de un sencillo baile popular en una forma de arte refinada y al proyectar/elevar la identidad cultural de Austria en la escena mundial.
Nacido el 25 de octubre de 1825 en Viena, Johann Strauss II fue el hijo mayor de Johann Strauss I, compositor y director de orquesta de gran prestigio por derecho propio. Pese a la desaprobación de su padre ante una carrera musical para sus hijos, motivada por la convicción de que las dificultades y la inestabilidad de la vida de músico no eran adecuadas para ellos, Strauss siguió su pasión. Estudió en secreto violín y composición y llegó incluso a dirigir su propia banda de baile en un restaurante vienés. Tras la muerte de su padre en 1849, Strauss asumió la dirección de la orquesta familiar y pronto eclipsó la fama de su padre, convirtiéndose en uno de los compositores más celebrados de su tiempo.
Su ascenso no estuvo exento de dificultades. Además de forjar una identidad propia separada de la de su padre, Strauss tuvo que lidiar con la rivalidad con sus dos hermanos, Josef y Eduard, que también eran músicos consumados. Según el Museo Johann Strauss de Austria, el propio Strauss dijo sobre Josef: “Él es el más talentoso; yo soy el más popular”. Las giras internacionales de su orquesta resultaban logísticamente complejas y financieramente exigentes, y en 1870 acabó cediendo su dirección a sus dos hermanos para poder concentrarse plenamente en la composición. A pesar de estos obstáculos, la perseverancia y el enfoque innovador de Strauss le valieron el éxito tanto en su país como en el extranjero.
Aunque el vals existía desde hacía décadas, fue Strauss quien lo refinó y lo transformó en un género refinado y elegante, apto para las salas de conciertos y la alta sociedad. Sus composiciones combinaban melodías líricas, armonías exuberantes y una orquestación dinámica, estableciendo un nuevo estándar para la música de baile. Entre sus más de 500 obras, valses como El Danubio Azul (1867), Cuentos de los bosques de Viena (1868) y El vals del emperador (1888) siguen siendo favoritos imperecederos.
El Danubio Azul se erige como un símbolo del patrimonio musical de Viena. Compuesto originalmente como un vals coral, alcanzó una enorme popularidad tras su estreno orquestal en la Exposición Universal de París de 1867. Hoy en día se interpreta con frecuencia en los conciertos de Año Nuevo y, junto con otros valses de Strauss, ha contribuido decisivamente a consolidar la reputación de Viena como la “Ciudad de la Música”, además de aportar de manera significativa a la economía local, ya que los conciertos y festivales centrados en su obra se han convertido en grandes atractivos turísticos. La pieza aparece también en una secuencia inolvidable de la película 2001: Una odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick, donde acompaña el giro de una gigantesca estación espacial entre las estrellas.
Aunque Strauss es conocido sobre todo por sus valses, sus operetas también le valieron un amplio reconocimiento. Obras como Die Fledermaus (El murciélago, 1874) y Der Zigeunerbaron (El barón gitano, 1885) combinaban melodías brillantes con una narración cómica. Estas operetas tendieron un puente entre la ópera clásica y el entretenimiento popular, e influyeron en compositores como Franz Lehár, compositor de La viuda alegre (1905). Las operetas de Strauss ampliaron el prestigio cultural de Viena más allá de las salas de conciertos y contribuyeron a la reputación de la ciudad como capital mundial de la ópera ligera.
La música de Strauss, interpretada con frecuencia en acontecimientos de gran relevancia y exposiciones internacionales, llevó la cultura vienesa a una audiencia global. Su orquesta actuó en la Exposición Universal de París de 1867, donde El Danubio Azul alcanzó un reconocimiento internacional. Sus obras también estuvieron presentes en la Exposición Universal de Viena de 1873, que puso de relieve los logros culturales e industriales de Austria. Además, Strauss dirigió conciertos en Londres durante la Exposición Internacional de 1862, actuó anualmente en Rusia entre 1856 y 1865, y participó en la Exposición Universal del Centenario de los EE. UU. en Filadelfia en 1876, donde su orquesta tocaba a diario en el edificio principal. Asimismo, su música celebró la grandeza del Imperio de los Habsburgo, como se aprecia en piezas como Kaiser-Walzer (El vals del emperador), compuesta en 1888 para conmemorar el encuentro entre el emperador Francisco José y el emperador alemán Guillermo II.
Desde 1939, el Concierto de Año Nuevo interpretado por la Orquesta Filarmónica de Viena en la Sala Dorada del Musikverein, una de las salas de conciertos más prestigiosas en el centro de Viena, incluye invariablemente música de Strauss, lo que subraya su vínculo perdurable con la identidad austríaca. Esta tradición anual se retransmite cada 1 de enero por televisión y radio a todo el mundo, llevando el patrimonio musical de Austria a millones de espectadores internacionales.
La música de Strauss alcanzó una enorme popularidad en Europa y más allá de sus fronteras. Sus giras por Rusia, Inglaterra y EE. UU dieron a conocer el vals vienés a públicos muy diversos y fomentaron una apreciación global de las tradiciones musicales austríacas. Una anécdota, quizá apócrifa, cuenta que Johannes Brahms escribió una dedicatoria en tono jocoso en un abanico para la esposa de Strauss, en la que decía: “Por desgracia, no todo el mundo puede ser un Johann Strauss”.
En 2025, con motivo del bicentenario del nacimiento de Strauss, las salas de conciertos de todo el mundo rendirán sin duda homenaje a su legado con interpretaciones de sus célebres valses y operetas. En Viena, el Museo Johann Strauss y el Festival Strauss anual desempeñarán un papel central en la conmemoración de este aniversario. La página web oficial “Johann Strauss 2025” ha anunciado que a lo largo del año se celebrarán eventos en honor a Strauss en nada menos que 69 lugares de Viena. Entre los eventos más destacados figura un concierto de gala en el Ayuntamiento de Viena el 25 de octubre de 2025, en el que la Orquesta Filarmónica de Viena interpretará algunas de las obras maestras de Strauss. Además, el Musikverein acogerá una serie de conciertos de valses interpretados con la orquestación popular de la época. Además, el 5 de julio de 2025 está previsto un gran concierto al aire libre en el parque del Ayuntamiento, en el que participarán 800 músicos de 15 orquestas interpretando obras de Strauss.
A pesar de haberse casado tres veces, Strauss murió sin descendencia el 3 de junio de 1899, dejando en su lugar un legado musical perdurable. El bicentenario constituye una oportunidad para reflexionar sobre la importancia cultural e histórica de su música. Sus obras no solo capturan la elegancia y el optimismo de una época pasada, sino que también recuerdan el poder de la música para unir a las personas más allá del tiempo y del espacio.






